Iguales pero diferentes. Bonaigua en Coloquio

“Hombres y mujeres somos iguales en derechos, somos iguales como seres humanos, pero no somos en absoluto iguales psicológica o fisiológicamente hablando” 

Nuria Chinchilla, profesora del IESE de Dirección de Personas en las Organizaciones, tiene una rara habilidad: explicar con sencillez, quitándole importancia, cosas de gran calado, como la crisis de nuestra sociedad (la occidental, por lo menos) y la cuestión de la igualdad de géneros. En el marco de Bonaigua en Coloquio, y ante un numeroso público, la profesora Chinchilla abordó el asunto del gender, en una interesantísima conferencia titulada “Iguales, pero diferentes: cuestiones en torno al género”.

Muchísimos conflictos

El asunto del género, dijo Nuria Chinchilla, “tiene que ver con algo de lo que llevamos hablando mucho tiempo, y la gente está subrayando todo el rato: igualdad, somos iguales. Y por culpa de eso hay muchísimos conflictos entre hombre y mujer, porque él quiere que ella sea como él, y ella quiere que él sea como ella o que actúe como ella. Esto es un desastre. Somos iguales en derechos, somos iguales como seres humanos, pero no somos en absoluto iguales psicológicamente, fisiológicamente hablando. Veremos también las causas, por qué pasa eso.

Quiero iniciar con la frase del Génesis “Dios creó al hombre, a su imagen. A imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó”. Empezamos bien, la realidad es así, no hay ningún ser humano que no sea XX o XY.

Luego, debemos citar a Jutta Burggraf, una mujer teóloga, que fue catedrática en la Universidad de Navarra. Decía: “Los varones y las mujeres, aunque compartan todo lo esencial en la común naturaleza humana, tienen distintas sensibilidades y necesidades, experimentan el mundo de forma diferente, sienten, planean, reaccionan de manera desigual y eso se puede percibir desde cualquier lugar y cualquier persona”.

Y yo añado: cualquier persona que sea realista, que se fije en lo real. Esta es la realidad.

Uno más uno, veintidós

¿Cuándo empezamos a pensar que esto no es así? Va pasando el tiempo y empezamos a pensar que no es del todo real. Pero nosotros seguimos pensando que sí, que somos complementarios físicamente, psicológicamente, ontológicamente, que tenemos la tierra como tarea para transformarla, que somos corresponsables del uso, no del abuso de esta tierra. Y que tenemos que construir la unidad de los dos, hombre y mujer, a través de un proyecto común, sea familia, sea empresa, sea sociedad. Y que uno más uno nunca son dos, pueden ser veintidós en cualquiera de estos ámbitos, cuando trabajamos hombre y mujer juntos.

Al hablar de esto siempre recuerdo que, cuando tuvimos la última gran crisis económica, en el 2008, llegó un momento en que a la Presidenta del Fondo Monetario Internacional se le ocurrió decir: “es verdad, Lehman Brothers se ha hundido y todo lo demás detrás, pero eso fue porque era Lehman Brothers, y no Sisters”. Entonces yo dije, a ver, esto no va, tendríamos que trabajar Lehman Brothers and Sisters Together. Todos juntitos, porque ahí es cuando lo femenino y lo masculino se unen. Y no es que seamos solo complementarios, es que somos sinérgicos. Y siempre vamos mucho más allá. La procreación, la vida de familia, la vida social, la construcción de la historia es como vamos construyendo el mundo.

“Hombres y mujeres son iguales en dignidad, están llamados desde la eternidad a cooperar mutuamente en la misión”. Esto lo decía Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, mujer judía que muere en un campo de concentración. Era carmelita descalza. Esta mujer estuvo trabajando mucho desde la fenomenología. Era discípula de Husserl, y reflexionaba sobre la esencia de la feminidad y cómo potenciar ambos sexos, buscar lo que es específico de cada uno para buscar la complementariedad.

Sobre el feminismo, vemos que estuvieron unas primeras mujeres para las que el feminismo era luchar por la igualdad de derechos civiles. Es la primera ola de feminismo, era pura justicia, era necesario que las mujeres pudieran ser capaces de votar en unas elecciones y que pudieran, además, estar en la enseñanza superior, para contribuir a la construcción de ese mundo mejor, más justo, más humano. Tenemos dos ojos, pero si miramos con un solo ojo, nos caeremos, y no sabremos por qué caemos. Para enfocar bien necesitamos abrir los dos ojos.

Luego se empezó a dudar de que esto fuera suficiente. Y vino la segunda ola feminista, el feminismo radical. Basado en el comunismo, en las ideas de Engels del siglo XIX, cuando decían que ser madre era la peor esclavitud que podía existir. Es Simone de Beauvoir, con su libro “El segundo sexo”, donde hablaba de la trampa de la maternidad, de que hay que liberarse de las cadenas de la naturaleza, y a partir de aquí pasamos al aborto, el lesbianismo, el traspasar la educación de los hijos a otros para que las madres estén liberadas, y pudiesen trabajar fuera de casa. Esa era la gran liberación.

El misterio de la tristeza del ama de casa

Hay un punto que se tiene que entender. Es lo que en los años 50-60, dice Betty Friedan sobre el mito de la feminidad. Era una mujer de clase media alta, casada y con tres hijos. No era una loca de la colina. Después de hacer una investigación con cientos de mujeres de su ambiente social, de Estados Unidos, se dio cuenta de que allí había un misterio de tristeza, la tristeza del ama de casa. Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres que habían trabajado fuera de casa porque no quedaba más remedio, vuelven al hogar y los hombres se van a trabajar fuera. Y ellas se quedan, hasta el punto de que todo lo que les rodea, el consumismo de la publicidad, les dice que eso es lo que hay que hacer, ser solo ama de casa. Entonces se quedan con esa tristeza de decir: yo quiero ser perfecta. La sociedad me dice que tengo que ser la mejor esposa y la mejor madre. Hasta el punto de que te quedabas enganchada con los niños, y los niños no podían crecer porque si se me van los bebés, ¿ yo qué hago?

Entonces empezó la lucha por el queremos tener una proyección fuera de casa. Queremos ser útiles también en lo profesional. Y esa tensión, esa guerra, que empieza hablando del género, desde el punto de vista de qué es lo social que se nos está imponiendo, que nos está castrando de alguna manera la posibilidad de salir a trabajar fuera de casa. Entonces van al otro extremo. Y pasa lo que estoy diciendo: el feminismo radical. Esa es la visión de la mujer como una loca ahí, haciendo todo lo que puede, pero sin sentido. Tampoco era una vocación, sino que era como una obligación. 

Había algo que es verdad, que hay una parte social que sí hemos vivido todos: esto le toca hacer a las niñas, esto es de niños. Llévale el vaso de agua a tu hermano. Tú sacas el polvo; tu hermano, no. Esto lo hemos vivido unos cuantos que tenemos ya una cierta edad.

Correr como una niña

Veamos el vídeo, cuando les dicen:  tienes que correr como una niña…

¿Qué os ha parecido esto? ¿Qué sacamos de aquí?  ¿Qué os lleva a pensar? Lo que corre por ahí es el estereotipo. Además, en negativo de nenaza, todo lo que sea femenino es como secundario, malo, tonto. Porque siempre valoramos mucho más la fuerza, la rapidez. Esos son estereotipos. Esto sí que tiene que ver con lo que la gente se quejaba ya hace años del tema género socialmente hablando. Hay parte de razón en lo que están diciendo.

Las 48 cosas que escucha un hombre

Ahora vamos con los hombres, las 48 cosas que los hombres tienen que escuchar a lo largo de la vida, que también tiene que ver con lo que estamos hablando a ver…

¿Qué tal? ¿Alguna de estas cosas la habéis escuchado alguna vez? Más de una vez, sí. O sea que sí, lo del género es verdad. Hay una parte que está construida de modo social y que puede ser incluso muy negativa para uno de los de los sexos.

El post feminismo

Y llegamos a la teoría post feminista. Estamos ya en el máximo, derrapando hacia el máximo, que es la actualidad, vamos con el gender a tope. Esto empezó en los años 60. En 1995, mi marido y yo tuvimos que ir a la IV Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín. Fuimos juntos y la verdad es que fue interesante. Yo no estaba en la Conferencia de los políticos, estaba en la Conferencia de las ONGS. Las ONGs tenían una frase bonita que decía: “Mirar el mundo con ojos de mujer”. Yo estaba encantada, es que hay un modo de mirar masculino y un modo de mirar femenino. Todo me parecía fantástico. Y de repente empezaron a entrar en la parte política, entrar con la palabra género. A partir de aquí, género, género. En aquel momento había tres géneros: masculino, femenino y neutro. Pero luego ya fueron cinco géneros y después 50.

Estamos en el queer, todo es fluido y depende del momento. Te levantas mujer, si quieres eres hombre, luego bisexual y luego lo que sea. Esto significa rechazo de la naturaleza. La naturaleza no me importa nada. Yo hago lo que quiero con ella, y al final acabo con un cuerpo cyborg -que es cibernética-, un organismo cibernético. Ahí están las mujeres que rechazan la feminidad, y hombres que quieren quedarse embarazados. Ahí está que el género ya no viene determinado por la naturaleza, sino que es la cultura la que lo determina. La masculinidad nunca será determinada por la naturaleza, sino como construcción social, hecha según los roles que asigna la sociedad a los sexos.

La teoría queer

La teoría queer acaba diciendo que todas las identidades sociales son igualmente anómalas. Con lo cual olvídate, haz lo que te dé la gana y sé feliz, siéntete lo que quieras y ve cambiando a lo largo del día tantas veces como quieras.

Ante esto ¿qué pasa? El primer rechazo de todo esto viene de las feministas? ¿Por qué?
Porque si ya no existe la feminidad, y no existen féminas, porque todo es fluido, ¿para qué están luchando? Son las primeras contra el borrado de las mujeres. Hay una asociación que se llama Alianza Feminista por los Derechos de las Mujeres basados en el Sexo. Que luchan para eliminar todas las formas de discriminación contra mujeres y niñas resultantes de la sustitución de la categoría sexo por la identidad de género. Porque ya sabéis lo que está pasando en todas partes, en las competiciones, en los baños: al final te encuentras con que uno que dice “yo me siento mujer y vengo aquí”. Bueno, muy bien, pero tú no puedes competir conmigo en boxeo.

1º Sexo biológico, 2º Identidad sexual

Seis dimensiones de la sexualidad.

Creo que vale la pena ver la diferencia entre sexo biológico, que es el estatus biológico determinado por la apariencia de caracteres sexuales primarios -es decir, genitales externos y cariotipo-. Esto es clarísimo, mujer y hombre biológicamente hablando. Pero luego viene la identidad sexual, que es diferente, aunque la gente lo mezcla todo. La identidad sexual es la convicción interna de una persona de ser varón o mujer, y aquí sí que vemos de todo. Porque tenemos personas que de repente dicen no, yo me siento hombre y soy mujer, o al revés. Antes, la probabilidad de que esto pasase era cero coma. Ahora, esto se está multiplicando por unos cuantos miles por ciento, por toda la industria que hay detrás, la farmacéutica y demás.

Esto, antes, se conocía como disforia de género, una enfermedad, y de repente, de un plumazo se decidió que ya no lo era. Y en vez de ser un problema psicológico, empezó a ser un problema físico, con lo cual estamos cortando senos, penes y demás. Hay que saber que el 98% de los hombres que han hecho cambio de sexo, luego quieren volver atrás, el 98%. Y el 88% de mujeres. Cuando ya no tienen nada que hacer. Entonces vienen los suicidios, lo sabemos por Estados Unidos, por Canadá.

3º Rol sexual, 4ºOrientación sexual,
5º Funcionamiento sexual,
6º Comportamiento sexual

Tercero, papel o rol sexual, diferente de lo anterior. Una cosa es cómo me siento o quién soy, hombre-mujer, y otra cosa es cuál es mi rol. Cuáles son los patrones de comportamiento o atributos de personalidad que me define la cultura. A lo mejor yo estoy más en un rol que alguien diría masculino. Estoy trabajando fuera de casa.  Y a ratos mi marido está más dentro de casa. El papel o rol sexual que hemos cogido es un poquito diferente a lo que era normal -o más frecuente- hace unos años.

El cuarto es la orientación sexual. Que no hay que no confundir con identidad sexual. La orientación sexual es yo, sensibilidad erótica, hacia dónde voy, me atraen los hombres o me atraen las mujeres. O me atraen los árboles.

Luego está el funcionamiento sexual, que son los biorritmos sexuales y procesos psicofisiológicos que están implicados en la relación del acto sexual, que claramente la mujer tiene un ritmo distinto al hombre, el hombre va más rápido, la mujer más lenta, en principio.

Luego viene el comportamiento sexual, porque sea cual fuere la realidad, al final cómo me comporto yo, yo ¿qué hago? A lo mejor no hago nada, simplemente. A lo mejor sí, a lo mejor tengo no sé cuántos “novios”. 

Somos diferentes

Vamos a lo nuestro. Necesitamos entender que somos diferentes desde el cerebro, y vamos a ver qué nos dicen en este vídeo.

¿A que es buenísimo? Esta realidad, de la que nos reímos porque es verdad, es que tenemos cerebros diferentes. El cerebro tiene una plasticidad impresionante desde que empieza a conformarse hasta que nos morimos. Y no para de cambiar las autopistas, los vericuetos por los cuales vamos pensando. Básicamente los animales utilizan el cerebro para sobrevivir y para reproducirse. Los humanos lo usan y lo van desarrollando con su biografía personal, con su toma de decisiones. 

El cerebro humano, a diferencia de otros, es maleable y va cambiando. Y en el desarrollo fetal, la llegada de hormonas, progesteronas, estrógenos y testosteronas, son las que hacen que cambie no solamente la conformación del cerebro, sino su funcionalidad. No es unisex, nuestro cerebro es absolutamente sexuado.

El dimorfismo sexual del cerebro es un hecho, no es unisex ni anatómica, ni funcionalmente. Hay dos modos de procesar información, uno masculino y otro femenino. Después de nacer, cada persona va trazando esas carreteras secundarias, propias, por las que fluye la información y las respuestas. Y todo eso va haciéndose desde el principio del feto. En las primeras semanas ya estamos generando ese cerebro que, en las mujeres es más pequeño que el de los hombres, pero el tamaño no importa. Los principales factores que condicionan su desarrollo son primero los genes, después las hormonas, y evidentemente ambiente y cultura. Cómo nos estamos cultivando, cómo nos estamos formando o deformando en la familia, en la escuela, con los amigos. Por eso digo que al final, el cerebro es nuestra biografía.

Cerebro de mujer, cerebro de varón

Natalia López Moratalla, que es de donde saco ya todas estas ideas, fue vicerrectora de la Universidad de Navarra, bióloga, catedrática también, escribió un libro que se agotó enseguida, “Cerebro de mujer cerebro de varón”. Decía justamente esto, que al final cada uno tiene el cerebro que se merece, porque lo vas construyendo según cómo tomes decisiones. Vas haciendo un cerebro más moldeable hacia la bondad o hacia la maldad, hacia descubrir la belleza, descubrir los errores, y meter el dedo en la llaga.

Hemos partido de que hombre y mujer son diferentes. En las primeras 18 semanas tiene lugar la mayor parte de la construcción de circuitos neuronales específicos de cada sexo. La llegada de testosterona al cerebro del feto varón a las 8 semanas cambia el tamaño de estructuras cerebrales. Y destruye células de áreas relacionadas con la comunicación: cuando una mujer llega a casa ha hablado miles de palabras, pero le faltan unos cuantos miles más. Y el hombre dice, estoy cansado, agotado ya de escuchar a gente basta, me voy a la cueva.

El 90 por cien de los presos son varones

La testosterona también induce la proliferación de áreas relacionadas con impulsos sexuales y centros de agresión. La testosterona sirve para la lucha, mucha proactividad, pero cuidadín, porque como no la sepas frenar, esto va loco. Yo os pregunto. ¿Cuántos hombres y cuántas mujeres hay en las cárceles de todo el mundo? En porcentaje, ¿qué os parece? ¿Más hombres, pero cuánto más? ¿A ver cuánto más, qué diríais? ¿Quién ha dicho el 90 %? Ha sido el periodista, que se sabe todo. Es brutal. El 90% de los encarcelados son hombres. La mujer tiene otro tipo de violencia y como no se ve, no la meten en la cárcel.

Durante los primeros años, los estrógenos activan las áreas dedicadas a la observación, comunicación -especialmente oral-, y cerebro maternal. La niña está para ser potencialmente madre. Entonces: motivación, atención, protección, acogida. Todo eso es femenino, puramente del cerebro. La testosterona, en cambio, hace el varón menos sensible a emociones y a la relación social. Ahora ves cosas que, a veces, no se entienden, qué quiere decir esto? Que somos diferentes. Luego viene la parte de cultivo, y por eso en las familias, las mujeres tenemos que aprender de los hombres, y los hombres, de las mujeres. Y al final ser más humanos todos. Partiendo de las diferencias, subrayando las diferencias y admirando las diferencias del prójimo, no queriendo que sea como yo.

Para que veáis que hay mucha ciencia detrás, mucho estudio, como la corteza cerebral es diferente, la parietal en hombres y mujeres, las densidades de neuronas en lóbulos temporales, que tiene que ver con el lenguaje, con las emociones, con la toma de decisiones, con la preocupación. La amígdala, que tiene que ver también con respuesta emocional rápida y automática. En fin, en mujeres, la ínsula, sentimientos más viscerales, etcétera. Esto es mucha, mucha, mucha diferencia. Si no se sabe, nos peleamos.

El cerebro femenino tiene más simetría funcional, más que el masculino, que es más asimétrico. La parte izquierda es más de la de la intelectualidad, del pensar, razonar. La derecha es más de las emociones. Entre uno y otro hemisferio, en medio tenemos el cuerpo calloso. A los hombres les sirve para separar totalmente uno y otro. Cuando están pensando, piensan. En cambio, nosotras tenemos todo totalmente conectado.

Hay muchas más sinapsis neuronales, un hemisferio con el otro, con lo cual cuando una piensa, piensa, pero también siente y se acuerda de aquello. Lo de las mujeres es que es más difícil, tienen demasiada memoria. Y no solamente tiene memoria de lo que pasó, sino que vuelven a revivir lo que pasó. Esto hay que saberlo porque vosotros, chicos, os fumáis un puro y ya está, “me lo he fumado”. Y cuando te acuerdas del puro, pues sí, el puro está allá. Pero la mujer se acuerda de aquello, vuelve a revivirlo, no solamente es lo que se acuerda, sino lo que revive emocionalmente. Lo de asimétrico y simétrico es para procesar más rápidamente informaciones de áreas próximas y ser mucho más rápida en ver los detalles, en ver las consecuencias de las cosas.

Diferencias al procesar las emociones

Las diferencias específicas al procesar las emociones. Las mujeres son más propensas a la presión psicológica de conflictos interpersonales, les afectan más, y son más proclives a la depresión, a trastornos de ansiedad, a trastornos alimentarios. Otra cosa importante. El estrés agudo ayuda al aprendizaje y a la memoria en los niños, pero no a las niñas. La tensión del estrés, a las niñas las tira para atrás y las paraliza. Los niños, en cambio, dicen: voy a seguir luchando. El estrés crónico afecta más a hombres que a mujeres. Los hombres y las mujeres usan diferentes estrategias para comprender las expresiones faciales, de felicidad y tristeza, usan diferentes canales del cerebro. Las mujeres recuerdan las emociones, los hombres simplemente recuerdan los eventos, esto es interesante.

Los cerebros de las mujeres están predispuestos a la empatía. Empatía es sufrir con el otro. Y los de los hombres son más sistemáticos. Diferencias también del cerebro serían que los hombres y mujeres no usan esas mismas áreas de cerebro para decidir. Aunque ambos puedan ser muy, muy productivos, utilizan diferentes modos para tomar decisiones.

Tareas visuales, memoria

Tareas visuales espaciales. En las mujeres, son más de memoria y en cambio, los hombres son más de construcción, tienen más memoria, visión espacial. En cambio, las mujeres superan a los hombres en movimientos finos y secuenciales de los dedos. Por eso, en las fábricas se acostumbra a ver mujeres trabajando. Los hombres son más hábiles para arrojar objetos con precisión.

Las mujeres tienen mejor memoria a corto plazo y superan a los hombres en fluidez verbal. Es así por las concentraciones de estrógeno.

Rasgos de mujeres y de hombres

Ahora vamos a ver un poco rasgos de hombres y mujeres que son regularidades sociológicas. ¿Cuáles son esos rasgos? El hombre es mucho más competitivo, la mujer busca más la colaboración; el hombre es más resolutivo, ella es más comunicativa; él es más agresivo, ella, más asertiva. El hombre es más sistemático, la mujer es más empática, el hombre es más independiente, la mujer es más interdependiente, buscando siempre el afecto: ¿qué pasa con el niño? ¿qué pasa con el gato?

El hombre es más racional y la mujer más intuitiva -que no quiere decir irracional, sino transracional-. La intuición es la consecuencia de todo el conocimiento experimental. Que al final, sale más rápido y te viene: no me fío de éste. ¿Y por qué? No sé, no te lo puedo explicar. El hombre está orientado a buscar más los resultados, la mujer más las personas. Él, más a corto plazo, la mujer más a largo plazo. Él, más impaciente. Ella, más paciente. Él, más centrado en la acción; ella, anticipando consecuencias de las acciones.

La gente quiere ser tratada como personas

Viendo estos rasgos se entiende por qué las empresas se han montado de esta manera, cómo se han montado, porque han sido hombres los que las han hecho: competitivos, corto plazo, sostenibilidad. Hace poco se empezó a hablar de esto. Si a las direcciones de las empresas llegan más mujeres -que no sea mimetizando al varón en lo malo-, sino siendo femeninas, empezamos a tener sinergias buenísimas, porque hoy en día siglo XXI, lo que la gente quiere es que le traten como persona. Vamos a trabajar con muchísima productividad, pero con flexibilidad, con teletrabajo.

Los lenguajes diferentes. Cuando ella habla es porque necesita comunicarse y sentirse comprendida. Si ella empieza a hablar y si el hombre es el que tiene que contestar, enseguida dice: haz esto, esto y esto. Y la otra dice, yo no quiero que me des la solución, yo quiero hablar, yo me quiero expresar, déjame hablar. En cambio, él da soluciones, y quiere sentirse necesario y valorado. Ya se ve que somos complementarios porque uno ayuda al otro. Con la estabilidad en vaivenes emocionales por el lado del hombre, y con la vida más intensa y profunda, más interioridad, la mujer.

Comunismo del siglo XXI

La palabra diversidad la están utilizando bastante mal, porque tal como se lleva hoy en día, que además es para imposición de cuotas, primero para mujeres, como excusa para luego hacer entrar otro tipo de colectivos. Esto, lo que está mirando todo el rato es al poder. ¿Quién puede más, ellos, ellas o los terceros? Como está basado en el poder, volvemos atrás, estamos basándonos en el movimiento de Teoría crítica, la Escuela de Frankfurt, y es totalmente comunista, esto es aplicación del comunismo siglo XXI.

¿Qué quiero decir con esto? Que mientras vayamos a por el poder, esto siempre divide, no une. La palabra diversidad hay que usarla con cuidado. De entrada lo que hacemos es colectivizar, todos iguales. Pero toda persona tiene dignidad, toda la dignidad, de modo que todos somos únicos e irrepetibles. Todos y cada uno.

Isabel Sánchez, en el IESE

Hablando de cuidado, ya os digo que el día 4 de marzo, a las siete de la tarde, si queréis venir al IESE, estará Isabel Sánchez, que es la Secretaria Central del Opus Dei. Acaba de publicar un nuevo libro, “Cuidarnos: En busca del equilibrio entre la autonomía y la vulnerabilidad”, vamos a conversar con ella.

Somos diferentes, con diversas formas de ser, ya la hemos visto, somos don de Dios, el uno para el otro, que es lo bonito, verse como don uno a otro, porque somos la ayuda adecuada, el uno del otro, esto es de San Juan Pablo II (Teología del cuerpo). Es la riqueza de la complementariedad. Aunque es fácil que entremos en incomprensiones y reproches por las diferencias. Cuidado con pensar que somos incompatibles o que no estamos hechos para entendernos, porque sería pensar que Dios se ha equivocado y está claro que no, eso es lo mismo que decir ¿por qué aquí hay esto, en esta parte del mundo, y en la otra parte del mundo hay otra cosa? Dios ha hecho el mundo tan diverso para que, al final, tengamos que entendernos, para poder convivir y poder tener libertad.

Un feedback o una colleja

La diferencia sexual en el matrimonio hace posible la unión intensa y profunda. Claramente Dios elige valerse de la unidad para hacernos entrega del don de la procreación. Todo tiene ese sentido. Ayudarnos unos a otros. No tengo por qué asumir que un defecto lo voy a tener toda la vida. Hay que educar cabeza y corazón. La pregunta es ¿cuándo estará preparado el otro para recibir una corrección? Pone corrección. Yo diría mejor un feedback. Porque si yo no estoy preparado para dar el feedback y tampoco lo está el otro para recibirlo, más que un feedback va a ser una colleja, porque se lo voy a decir fatal. Estas cosas son importantes, tenerlas en cuenta también bien, y lenguajes del amor sabéis que hay cinco: hay gente que le gusta más que le digan que es maravilloso, otros prefieren que les dediques tiempo, otros prefieren que les regales algo, otros prefieren que pongas tú la lavadora, otros prefieren que le abracen, que le acaricien.

Esto no tiene nada que ver con hombres y mujeres, esto tiene que ver con personas únicas e irrepetibles. Pero es interesante saber cómo quiere ser amado el otro. Volviendo a cómo comunicamos, porque somos diferentes, cuando unos chicos se dicen hola, se han dicho hola, ya está. Cuando se lo dicen dos chicas, mira todo lo que dice: oye, has mirado qué tal el pelo, qué tal la piel, qué tal el maquillaje, qué tal la camiseta, qué tal los jeans, qué tal la pulsera del tobillo; chica, pero cómo se te ocurre, qué haces con este cinturón de los años 60, no vas a la moda. Todo esto en un segundo.

Comprensión selectiva

Como somos tan distintos, y es verdad que nos vemos también en mundos distintos, os voy a poner el caso de la típica feminista que dice: es que he ido a un curso que me han dicho que el hombre tiene que estar en el hogar fifty-fifty, por tanto le voy a decir lo que tiene que hacer. Y empieza a decirle: taca, taca, taca, taca, taca, taca, y el otro: ¿qué dice? ¿qué me está contando? Y no entiende, no digiere. Y al final, digiere con comprensión selectiva, se queda tan ancho. Ella dice: vete al súper, limpia el sofá, seca los platos, mira si hay leche, cuelga la ropa, quita el polvo a la tele, vete a comprar, y saca al perro un rato.

Al final entiende: vete al sofá y mira la tele un rato. ¿Y entonces, qué pasará cuando se vaya a ver la tele un rato y esté en el sofá? ¿qué va a hacer su mujer? Que te he dicho que … otra vez.  Y el otro se va a quedar paralizado y a ver qué entiende. Hay que encargar una sola cosa, una; cuando la haya hecho bien la siguiente. Pero no noventa y tres a la vez. Pero como nos han dicho que somos iguales, va y se lo cree. Esto no tiene nada que ver con ser más o menos inteligente. Se trata de la especialización de cada sexo.

Un estudio sobre la voz femenina

Los hombres, cuando hay que hacer algo, de verdad vais a por ello y ya está, eficacia probada. Vamos a hacer no sé cuántos viajes, sí, sí, bueno, ¿y este que ha sacado ocho cates, qué hacemos con él? ¿y con el canario qué hacemos?

Ahora vais a estar contentos los hombres, porque os doy la excusa para no escuchar. Según un estudio realizado mediante técnicas de resonancia magnética nuclear por profesor Michael Hunter de Sheffield, Gran Bretaña, la voz femenina puede llegar a producir agotamiento al cerebro del hombre, porque posee tonos más complejos que la voz masculina, tomando toda el área auditiva del cerebro masculino, mientras que la voz del hombre solamente ocupa una pequeña porción del cerebro femenino.

Por esto, las mujeres se quejan muchas veces de que los hombres no las escuchan. Lo único que hacen los pobres hombres es desconectarse por una razón puramente fisiológica. ¡Ya tenéis la causa!.

La mujer quiere ser feliz

Saber que somos diferentes, cada uno tiene sus puntos fuertes y puntos menos fuertes ¿Qué es el éxito para un hombre? ¿Qué es el éxito para una mujer? ¿El hombre qué quiere? Normalmente poder, dinero, éxito externo, que le aplaudan. ¿Qué quiere la mujer? Quiere ser feliz y quiere estar en paz. Por eso, hace unos años, cuando me dijeron: tienes que escribir un libro sobre valores femeninos en la empresa, pensé: esto no lo va a leer ni mi madre. Y la titulé la ambición femenina. Así lo va a leer todo el mundo. ¿Por qué? Porque estaba cansada de que me dijeran que las mujeres no somos ambiciosas. A ver a qué llamas tu ambición ¿a correr detrás de la zanahoria hasta que te caes, y al final te quedas solo con la zanahoria?

Nosotras tenemos una ambición así de grande. Porque por supuesto queremos llegar, pero no de cualquier manera. Queremos llegar con una familia, con unos amigos, con unos hobbies, con unas ONGs al lado, con lo que sea.

Normalmente, la realidad social es que los hombres van más a lo externo y la mujer más a tener tranquilidad de espíritu, hacer las cosas que tengo que hacer y mi éxito interno, el externo ya vendrá después, pero vendrá como una consecuencia.

Pero lo que ha pasado es que, por seguir a las Betty Friedan y compañía, muchas mujeres que tenían la tristeza del ama de casa. En el año dos mil y pico, ahora tienen la tristeza de la mujer profesional sola.

Solas, con la bandejita frente a la tele

El mundo está lleno de mujeres que han llegado muy arriba. Te dicen: yo soy vicepresidenta de no sé qué de Europa, estoy en mi apartamento, en mi gran casa, tengo una casa enorme. Pero está sola con la bandejita delante de la tele. 

En Milán, en Londres, en París, en Madrid o en Barcelona. Porque han ido como locas al éxito externo y han mimetizado al varón para llegar, porque el liderazgo en las empresas, cuando yo os digo: hacedme un dibujo de un líder, ¿qué dibujáis? un hombre con traje. Entonces ellas ¿qué hacen? se colocan ahí cómo pueden.

Pero es como que un zurdo intente abrir algo para diestros, o un diestro intente abrir algo que está pensado para zurdos. Cuesta mucho entrar en un mundo pensado por hombres y para hombres del siglo anterior, que ha sido el mundo empresarial. Han hecho lo que han podido y algunas de ellas se convirtieron en la parte más negativa del varón, un desastre, las que chillan más, las que pegan más broncas, las que sueltan más tacos. Gracias a Dios empieza a haber muchas mujeres, muy buenas referentes femeninas también.

Techos de cemento, techos de cristal

La mujer tiene esos techos de cemento y de cristal. El de cemento es el que se auto impone, el de cristal es el que te pone la propia cultura, que te dice no, porque tú eres mujer. Hay un 20% de mujeres que solo quiere trabajar fuera de casa y no quiere hacer nada más. Hay otro 20% que sólo quiere trabajar en casa, ser constructora de hogar, por lo menos durante una etapa de la vida. Y un 60% quiere reconciliar todo eso. Es importante saberlo porque hay que legislar para todos, no vale decir solamente para las del 20% que quieren trabajar fuera, por ejemplo.

Hay un sesgo inconsciente que viene de las palabras. Todo el rato hablamos de empoderar -una traducción fatal del empower-, hay que empoderar a las mujeres. ¿Qué quiere decir? ¿Empoderar, darles poder? Lo que tengo que darles es capacitación, formación, oportunidades, pero cuidado con no caer otra vez en el tema del poder, y empezamos otra vez con la lucha de poderes. Antes era la lucha de clases, ahora de sexo.

Para los techos de cristal, que son externos -los internos que te pones tú sobre ti misma-, yo hablo de impower hacia dentro. Todos nosotros tenemos un sesgo inconsciente por el que, ante un mismo comportamiento, juzgamos de modo distinto a una mujer y a un hombre.

Sesgo inconsciente

Veamos este video…

Vemos hombre y mujer, mismo comportamiento, a ver cómo juzgamos a él o a ella. Él es jefe. Ella es mandona. Él es persuasivo. Ella es “ordena y mando”. Él es un hombre comprometido, se queda trabajando hasta las tantas. Ella, en cambio, es una egoísta que se queda hasta las tantas y que no está con su familia. Él es higiénico y ella es vanidosa. Él es un hombre fácil, elegante. Ella sólo quiere que la miren, lucir. No dejes que las etiquetas te frenen. Se fuerte y brilla. ¿Por qué? ¿quién te lo dice?: Pantene.

Estamos juzgando de modo distinto el mismo comportamiento de dos personas. Nos sale así, porque la sociedad también nos empuja a ello. Hablando de empresa, los techos son claros, la selección, la formación, la promoción. Son los momentos de la verdad en los que realmente siempre va más rápido el hombre. Excepto que hagas un esfuerzo para que también entre alguna mujer en la terna esa selección. Soy absolutamente contraria a las cuotas, ya lo he dicho, yo hablo de méritos, pero para que haya meritocracia, debe haber oportunidades.

La autoestima

Los techos de cemento tienen que ver con lo que digo: prioridades, autoestima, que en las mujeres, con frecuencia es muy baja y por eso cuesta también negociar. La mujer, para pedir aumento de sueldo, a veces tiene dificultades, porque sufre el síndrome del impostor. Es que me han llamado, pero yo en realidad no sé, no soy capaz. Es miedo al fracaso, una capacidad de delegar muy pequeña porque siempre decimos -y es verdad-, la mujer lo hace más rápido y mejor ¿para qué voy a delegar si es que lo hago yo más rápido? Es que hasta que no lo sepa hacer él, al final pierdes mucho tiempo. Les cuesta delegar y les cuesta también el networking porque siempre piensan que tienen que dedicar más tiempo a la casa.

Networking son las relaciones sociales en el trabajo, en la familia, en la sociedad, es tu “work de net”, que quiere decir trabajar las redes y trabajar las redes sociales, significa que me pongo al servicio de alguien, le digo en qué te puedo ayudar y entiendo lo que necesita y a lo mejor empiezo yo con un favor. Eso es hacer relaciones de verdad, humanas y que tengan futuro. Pero para eso se necesita tiempo.

Mujer y liderazgo

¿Cuál es el problema? Que las mujeres, cuando acaban de trabajar, salen corriendo a buscar a los niños o están en casa, hacen la cena… Además piensan: yo, para qué me voy a vender, queda feo eso de venderse. A las mujeres les tengo que explicar que la motivación no es venderse, la motivación es dar visibilidad a lo que tú puedes contribuir, porque si no te conocen, no saben lo que puedes contribuir, y nunca te van a llamar, y ese espacio que tú podrías cubrir no va a estar cubierto. Porque tú eres única e irrepetible para según qué cosas. Eso quiere decir que tenemos que meter motivo trascendente en las mujeres, que no se queden solo con el motivo extrínseco de que me contraten. Por eso tenemos un curso que se llama Mujer y Liderazgo en el IESE, que además es on line, 10 semanas, justo para superar esos techos de cemento. Con ejemplos prácticos y ejercicios, se consigue una verdadera transformación.

Como estamos en Bonaigua no puedo dejar de citar una de las frases de San José María, que decía: “La mujer está llamada a llevar a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que sólo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición”. Esto lo decía en los años sesenta. Luego, en los años ochenta, fue san Juan Pablo II, pero bastante tiempo antes ya estaba san Josemaría, empezaba a referirse a las diferencias y lo que se puede hacer. Y otra cita de la teóloga Jutta Burggraf: “nos compete a nosotros encontrar soluciones para cada época por la que estamos atravesando. Empeñarnos en que se reconozca la plena dignidad de la persona en todo el mundo. Y que la mujer, por fin, deje de ser un tema espinoso.”

No puedo acabar sin hablar de Juan Antonio Pérez López, que fue decano del IESE, y citar unas palabras muy inspiradoras de 1995, porque era un hombre con mucha visión de futuro. Decía: “si el siglo 21 funciona, será porque la mujer tendrá una participación cada vez mayor en la organización de la sociedad, que está en un estado deplorable, mal pensada y cargando con las consecuencias de un racionalismo decadente y absurdo. Pero esta misión será solo aceptada por las mujeres si no lleva a su deshumanización, si no pierden su feminidad, porque la mujer es el núcleo de la familia, y ésta, la base de la sociedad”.

Hoy estamos en un mundo en el que tenemos mujeres que realmente son referentes, y lo están haciendo bastante bien. Pero hay otras que se han perdido por el camino: mucha gente, muy poco formada, muy deformada por todo lo que nos rodea. Y como decían en la Conferencia de Pekín en 1995, hay que mirar el mundo con ojos de mujer. En el sentido de abrir el ojo que falta. Pero cuidado con feminizar todo y dejarnos al varón fuera.

La Madre Teresa Calcuta decía que “el amor de una mujer está en sus acciones, ella mira con el corazón, siente con sus ojos, una mujer es el banco donde cada miembro de la familia resuelve las preocupaciones, las heridas y la ira”. Y añadía. “una mujer es el cemento que mantiene unida a la familia, y su amor durará toda la vida”.

Ojalá, Dios lo quiera. Ojalá fuera así siempre. Tenemos el potencial, otra cosa es que lo hagamos. Retos actuales: hay que repensar sistemas políticos, económicos, familiares, sociales a favor de la humanización, teniendo en cuenta la verdad de las diferencias. Generar estructuras pensadas a medida de hombres y mujeres. Más justas y más humanas. Y decía Juan Antonio Pérez López: cualquier estructura social que no tenga espacio para la maternidad está mal pensada para todos y será inhumana para todos.

Conciliar razón y corazón

Hay que elaborar una cultura que concilie razón y corazón, respete a la mujer y la eduque, la ayude a hacerse respetar, que amplíe el punto de mira. Nuestro último libro se llama “De la mano de las mejores. Claves para un liderazgo sinérgico”, de hombres y mujeres juntos para hacer esa sinergia. Son 17 entrevistas con mujeres que han llegado de modo equilibrado.

Se está derrumbando todo, pero la mujer es la que tiene que decir alto “Vamos a por los niños, a por la familia”. Y el marido tiene que estar apoyando, si no esto es imposible. Hace muchos años que estoy pensando en lo de SHE: Saving Human Ecology. Hay que salvar la ecología humana, y normalmente la que decide en casa las cosas importantes es la es la mujer. Así que hay que salvar la ecología humana, que la estamos destrozando, mientras estamos pensando en la ecología medioambiental.

Los lobbies

Sobre los lobbies que más han contribuido a esta ideología de género, la profesora Chinchilla respondió: Tantos, están todos de acuerdo. Esto empieza con las Conferencias internacionales de Población, de la Mujer, con todo lo que tiene que ver con la ONU, que además es una organización que nadie ha votado. Ellos son los que van decidiendo, la ONU, la OMS, la UNESCO, son los que van tirando para adelante este tema hace ya muchos años, hace ya decenas de años. Cada vez hay más dinero para según qué, unidos a las farmacéuticas, pero siempre con intereses suyos.  No hace falta pensar que hay un malo. Cada uno va a lo suyo, y al final a todos “les va bien” -a los que quieren que vayan bien-, y van destruyendo familias, van destruyendo personas.

También se abordó la pregunta sobre qué se busca con el asunto del gender. Según Nuria Chinchilla, “al final, el objetivo del tema de género llevado al máximo es romper. Cuanto más rota está la persona y más dependiente de un estado, de unas farmacéuticas, está más borrega. Al final tenemos borregos. No es que haya un malo, es que casi todos van a lo suyo. Y yendo a lo suyo, van destrozando. Como la ciencia, si no le pones límites va a toda mecha. Estamos yendo al borde del precipicio, porque es eso elegir lo que quieres también en cuanto a la sexualidad, que es la más bestia de todas, que soy mi identidad”.

Una tecnología muy potente

“Lo que pasa ahora es que la tecnología es muy potente. Está el negocio de los in vitro, que es un drama de hormonados, de cómo el in vitro está machacando familias. No solamente psicológicamente, que hace que mucha gente se separe, sino físicamente, porque la hormonación de las madres a lo bestia, luego genera cánceres en la madre, en los hijos, un montón de autismos en los hijos. ¿Por qué? Porque va contra natura.”

“Eso, en lugar de ir a la naprotecnología (Natural Procreative Technology), la tecnología pro-natalidad, que es lo que hacen los que quieren ecología en las cosas. Vamos a preguntar al ginecólogo, hasta el final. Esto pasó con mi hija.

Como ella lo explica, os lo cuento. Después de casarse, estuvieron cuatro años sin que vinieran niños. Ella es médico psiquiatra, fue a ver a una amiga suya, ginecóloga de la Clínica Universitaria de Navarra, y que había estudiado la naprotecnología en Estados Unidos. Le propuso hacerle dos incisiones, porque en pantalla no se encontraba nada, y encontró una pequeña cosa que no se veía. Y fue esto, y la endometriosis. Limpió eso, y en menos de tres años, tuvieron tres niños. De esta técnica pro vida no se habla. Si en televisión lo sacas, te cortan enseguida. Porque los in vitros están pagando los programas.”

 

Miguel Castellvi

VIDEO DEL COLOQUIO

(puede tardar un poco en aparecer)

Siguiendo con la programación del curso 2023-24 de Bonaigua en Coloquio, el próximo sábado 16 de marzo a las 12:45 h tendrá lugar el coloquio: 

TESTIMONIO DE VIDA

María de Himalaya

Enfermera. Una mujer que ha vivido una historia extraordinaria de conversión, de perdón y de vida. ¡No os la perdáis!

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