Las tres preguntas de Montse Grases

Misa en acción de gracias por Montse Grases.

Un año más hemos celebrado en Santa María de Bonaigua la Santa Misa en acción de gracias por el ejemplo que nos ha dado nuestra hermana Montse Grases. Gracias a Dios la devoción a Montse sigue viva y son millones de personas las que en todos los continentes la invocan. Un reflejo de ello es que a la cripta donde reposan sus restos y que está en nuestro Oratorio de Bonaigua, vienen gente de todas las nacionalidades. En ocasiones, a los que trabajamos ahí nos sorprende que desde los cinco continentes acuda gente que tiene tanto cariño a Montse, que para nosotros es un ejemplo y un aliciente para crecer en su devoción.

La misa revistió un aire de agradecimiento y festivo. En la homilía se mencionaron las tres preguntas de Montse, siguiendo el hilo de una conferencia que pronunció el Postulador de la Causa, D. José Carlos Martín de la Hoz, en el salón de actos de Bonaigua, hace ocho años,

La primera pregunta se sitúa en noviembre 1957, justo después de que hiciera un curso de retiro en Castelldaura. El Señor le dice si está dispuesta a seguirle con la entrega de su vida. Ella responde al principio con otras preguntas, que parecen evasivas: ¿estaré preparada?, ¿seré capaz de entregarme al Señor para toda la vida? Soy todavía poco madura (tenía 16 años), ¿y si me equivoco?  Las preguntas de Montse eran una forma de ganar tiempo, pero unas semanas después, llegaría la respuesta:

“En efecto, llegamos al 24 de diciembre de 1957, horas antes de la nochebuena, Montse fue a Llar para hacer un rato de oración para prepararse para vivir la navidad y luego regresar rápidamente para ayudar a su madre a preparar la cena. Durante la conversación con Jesús volvió a hacer la pregunta de siempre, esperando la respuesta de siempre y, por tanto, con sus evasivas de siempre, es decir, nada especial, pero esta vez se le grabaron en el alma unas palabras: “El que llama, da su gracia”. Ante eso, decidió no darle más vueltas y fiarse de lo que Él había pensado y, por tanto, decirle que sí y lanzarse a la piscina. La entrega, efectivamente, es decir que sí y la fidelidad es decir que sí a cada rato”.

La segunda pregunta llega un año más tarde, cuando Montse estaba adentrándose en su vocación, incluso sopesando la posibilidad de ir a estudiar a París, con otras chicas de su edad, para comenzar la universidad y colaborar en el inicio de la labor apostólica de la Obra en el país vecino. Empiezan a aparecer los primeros síntomas de su enfermedad, un gran dolor en la pierna. El Señor le pregunta si estaba dispuesta a seguirle con el sufrimiento causado por el dolor y la enfermedad. Monte responde con otra pregunta: pero si me has llamado a seguirte, y quieres que vaya a París, ¿por qué ahora estos dolores?

Pero enseguida responde que está dispuesta a seguirle con fuertes dolores en la pierna. Es un segundo paso importante en el proceso de maduración de su vocación y, por tanto, de sus deseos de santidad, siguiendo de cerca a Jesucristo.

La tercera pregunta. Es en el mes de julio de 1958, cuando los dolores no remiten. Montse intuye que sus padres no le están contando todo y, una noche, de sopetón, le pregunta a su madre por su enfermedad. Su madre le revela la realidad: tiene un sarcoma de Edwing cuyo pronóstico es mortal. Dios le está preguntando si quiere ir consigo al cielo. Montse se resiste y le pregunta a su madre si cortando la pierna tiene posibilidades de seguir viviendo. Su madre insiste en la gravedad de su enfermedad. Es cuando Montse responde al Señor que está dispuesta a lo que haga falta, y se queda tranquilamente dormida al lado de su madre.

Es ya un paso importante de este proceso de maduración interior, de aceptación de la voluntad de Dios con esta alegría que es algo habitual en Montse. Su padre era un gran aficionado a la fotografía. Gracias a ello nos han llegado múltiples fotos de Montse, siempre sonriendo, con esa alegría que tiene algo de espontáneo, pero que se ve afianzada en la medida que va madurando su aceptación de la voluntad de Dios.

Han transcurrido 65 años desde el fallecimiento de Montse. Son muchos los favores que se atribuyen a su intercesión por todo el mundo. Vamos a pedirle a Montse tantos pequeños favores y, sobre todo, el milagro para la beatificación.

Javier

24 de mayo de 2024

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